Libros históricos
El cautiverio de Babilonia tuvo lugar en tres épocas diferentes: la primera, al principio del reinado de Joacim; la segunda, durante el corto período del reinado de Joaquín (o Jeconías); la tercera, por último, en el año once de Sedequías. Las dos últimas épocas fueron las más terribles, pero de la primera datan los 70 años de cautiverio predichos por Jeremías el profeta (2 Crónicas 36:21; Daniel 9:12; Jeremías 25:1, 11-12; 29:10, donde se cumplen 70 años en Babilonia, a saber, desde el primer año de Nabucodonosor; véase Jeremías 25:1).
El libro de Josué nos presenta en figura el tema que desarrolla el Espíritu Santo en la epístola a los Efesios, a saber, los resultados gloriosos de la obra redentora de la cruz y la posición celestial de la Iglesia en Cristo, su Cabeza.
El libro de Nehemías, hijo de Hacalías, no es la continuación inmediata del libro de Esdras. Comienza en el vigésimo año de Artajerjes (Mano Larga), es decir, trece años después de la llegada de Esdras a Jerusalén (comp. Esdras 7:7), que tuvo como resultado los acontecimientos relatados en los capítulos 7 a 10 de su libro. Durante estos trece años, el “remanente” había caído en el oprobio y en una gran miseria. Es cierto que el templo estaba reconstruido, pero en una ciudad sin defensas estos pobres judíos estaban en constante peligro de sucumbir bajo los ataques de sus enemigos; y la casa de Dios, objeto de su solicitud, estaba expuesta a un nuevo saqueo.
Las flores del almendro ilustran la primera visión de Jeremías. Estas flores, las primeras que se abren en primavera, representan la súplica insistente y llena de esperanza: “Vuélvete a mí”, una expresión que se repite una y otra vez en el libro de Jeremías. En un contexto de solemne advertencia, Dios envía a su profeta fiel con un ruego que despierte al pueblo indiferente y adormecido. La autora, de gran experiencia entre los jóvenes, quiso revivir para ellos toda la época de Jeremías y de los últimos reyes de Judá, tal como la presenta la Palabra de Dios.Muchas personas mayores aprovecharán para sí mismos las enseñanzas de estas páginas, cotejando siempre su contenido con el texto bíblico indicado, y podrán, con gran bendición, transmitirlas a los jóvenes confiados a su cuidado. Estas enseñanzas que Dios nos ha dejado, como toda su Palabra, “están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos”. 1 Corintios 10:11